Inicia la campaña "Acción Anti-Viviseccionista" en la Ciudad de México
lunes, 12 de agosto de 2013
viernes, 15 de marzo de 2013
Opiniones de cirujanos muy importantes
OPINIONES DE CIRUJANOS MUY IMPORTANTES
"Las practicas con perros
probablemente crean un buen veterinario, si es ése el tipo de médico que usted
quiere para su familia". Dr. William Held
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| Una , de millones de víctimas de la experimentación animal. |
En 1978 en el transcurso de una entrevista concedida a
un programa televisivo del Canal 5, en Roma, el Profesor Fernandino de Leo,
Médico, Profesor de Cirugía, de Patología Quirúrgica Especial, y de Cirugía
Clínica General y Terapia de la Universidad de Nápoles, quien fungió como
Cirujano Jefe del Hospital Pellegrini, contando con más de 50 años de experiencia
en el campo de la Cirugía, declaró lo siguiente:
Le agradezco su invitación, porque creo que las palabras de un
hombre que ha practicado la cirugía general en todas sus vertientes durante
casi medio siglo, pueden ayudar a disipar los prejuicios y las ideas erróneas
sobre la vivisección que prevalecen actualmente incluso en las mentes de los
individuos de mayor educación y cultura. Después de haber tenido una
experiencia de primera mano sobre lo que sucede en los laboratorios, y después
de haber debatido con los vivisectores junto con el señor Ruesch, puedo afirmar
que los horrores que son rutinarios en esas instituciones son completamente
inútiles y que los vivisectores tienen una estatura moral infinitamente baja...
Al leer sus artículos, un experto realmente llega a preguntarse si
los caballeros que los han redactado tienen cerebro... No solamente no
contribuyen de ningún modo a la mejora de la salud humana, sino que además
crean la base para futuros errores y horrores, lo que sugiere que deben padecer
alguna forma de locura, como cuando sugieren la posibilidad de realizar
trasplantes de cabeza o de cerebro. No obstante, creo que sobre esa cuestión debería
opinar un psiquiatra en lugar de un cirujano como yo.
Los viviseccionistas aseguran que la vivisección ayuda al
principiante a adquirir destreza manual. ¿Cómo puede alguien imaginar que uno
puede adquirir dicha destreza operando a un gato, a un perro o a una rata, que
tienen los intestinos mucho más pequeños, y que poseen
unos órganos que tienen entre ellos una relación anatómica
completamente diferente a la de los órganos humanos? Lo mismo puede decirse
sobre la consistencia de las entrañas, su color, su resistencia al escalpelo,
etc. Es absurdo...
Durante siglos, la formación quirúrgica ha consistido, en primer
lugar, en observar a un cirujano experimentado en el quirófano, y luego en
comenzar a recorrer una carretera que es muy larga, tortuosa y dura, pero que
ofrece resultados: ayudando al cirujano jefe, colaborando con él y prestándole
asistencia mientras opera. Y entonces ves los pulmones humanos, el hígado
humano, aprendes todo lo posible sobre su tamaño y consistencia, ves el corazón
humano y cómo funciona...
¿Por qué sigue practicándose la vivisección entonces? Hay dos
razones:
La primera es la pereza mental, inculcada a partir de los famosos
investigadores del siglo XIX de la escuela de Claude Bernard. Y hay algo más.
¿De verdad creen nuestros televidentes que en un laboratorio de vivisección se
respetan las normas de sepsis, antisepsis, analgesia, o de cualquier otro tipo?
Nada de eso se respeta, porque la vivisección genera sadismo. Yo mismo he visto
a los sádicos, los conozco, podría nombrarlos; no los nombraré aquí, únicamente
espero que nos estén viendo. Sé que obtienen placer con la vivisección, un gran
placer... [Citado en, Hans Ruesch, 1000 Doctors (And Any More) Against Vivisection, pp.
81-82).
Continuar leyendo… “OPINIONES DE CIRUJANOS MUY IMPORTANTES de Hans
Ruesch haciendo clic AQUÍ.
[“Opiniones
de cirujanos muy importantes” es un extracto de la obra “Matanza de Inocentes
de Hans Ruesch, el primer libro que demostró que la vivisección (o
experimentación animal) es un fraude científico. No dejes de adquirir este
imprescindible documento para conocer los planteamientos del antiviviseccionismo
científico. Ponte en contacto con la editorial que lo publicó por primera vez
en español: MANDALA EDICIONES]
miércoles, 13 de marzo de 2013
DIEZ MIL PEQUEÑOS MONSTRUOS
DIEZ MIL PEQUEÑOS MONSTRUOS: EL CASO DE LA TALIDOMIDA
"Ningún autor de ciencia ficción pudo prever lo que los gnomos de los laboratorios han sido capaces de hacer con un “simple” tranquilizante que había sido definido como el más inofensivo de la historia de la terapéutica moderna." -Hans Ruesch
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| Víctimas de la Talidomida con malformaciones en sus extremidades |
Es innumerable el número de testimonios científicos que demuestran que es un síntoma de locura o estupidez el tratar el tratar de buscar información o respuestas útiles para el ser humano experimentando con animales. Sin embargo y a pesar de los errores del pasado millones de animales continúan siendo sometidos a un sufrimiento sin límites en los laboratorios pseudocientíficos de todo el mundo a pesar de las evidencias científicas que demuestran la completa inutilidad de la experimentación animal.
El caso de la Talidomida es un claro ejemplo que no sólo demuestra la inutilidad de esta práctica sino también lo perjudicial que es para la ciencia médica y para la salud humana en general. No representa una rara excepción sino un caso típico entre otros tantos desastres médicos ocasionados por esta pseudociencia.
¿Después de leer el siguiente documento todavía habrá quien se atreva a afirmar que la vivisección salva vidas?
Leer el documento completo aquí: DIEZ MIL PEQUEÑOS MONSTRUOS
[Ruesch, Hans, Matanza de Inocentes, Mandala Ediciones, Madrid, 2009, pp. 325-332]
No dejes de leer este imprescindible libro. Lo puedes adquirir con MANDALA EDICIONES.
domingo, 3 de marzo de 2013
STOP VIVISECTION
STOP VIVISECTION: Por la abolición de la vivisección en Europa
LA INICIATIVA "STOP VIVISECTION" PRETENDE JUNTAR UN MILLON DE FIRMAS ENTRE LOS CIUDADANOS EUROPEOS PARA ABOLIR LA VIVISECCIÓN EN EUROPA POR MOTIVOS ÉTICOS Y CIENTÍFICOS
Según un Estudio de la Comisión Europea, 86% de los ciudadanos de la Unión Europea se oponen a la vivisección.
Desde el punto de vista ético, la experimentación animal (vivisección) es un crímen inaceptable que impone dolor y sufrimiento sin límites y sin posibilidad de defensa a los animales; desde el punto de vista científico no solamente es inútil, sino que además representa un peligro para la salud de los seres humanos y el medio ambiente:
Exhortamos a la Comisión Europea a que anule la Directiva 2010/63/UE relativa a la protección de los animales utilizados para fines científicos y a que presente un nuevo texto que prohíba la experimentación con animales en el campo de la investigación biomédica y toxicológica, sustituyéndola por metodologías y procedimientos válidos para el ser humano.
Qué es STOP VIVISECTION
El artículo 13 del Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión Europea establece que “la Unión y los Estados miembros tendrán plenamente en cuenta las exigencias en materia de bienestar de los animales como seres sensibles". Este reconocimiento oficial lleva consigo la obligación moral de respetar los derechos fundamentales de los animales, que por lo tanto deben ser reconocidos como una prioridad por la Unión Europea y sus Estados miembros, y ser tutelados a través de un coherente aparato legislativo comunitario. Desde este punto de vista, la experimentación animal (o vivisección)es sin duda alguna una práctica inaceptable ya que impone dolor y sufrimiento sin límites y sin posibilidad de defensa por parte del animal.
A las razones de la ética (compartidas, según un estudio de la Comisión Europea de 2006, por el 86% de los ciudadanos europeos) se suma la denuncia cada vez más urgente de la comunidad científica, que afirma que el “modelo animal”, desprovisto de capacidad predictiva para el hombre, no tiene ningún valor científico; de hecho no existe ninguna prueba estadística que demuestre su eficacia y su fiabilidad.
Por este motivo, la práctica de la experimentación sobre animales representa:
- un peligro para la salud de los seres humanos y del medio ambiente;
- un freno al desarrollo de nuevas formas de investigación biomédica basada en los extraordinarios avances científicos de nuestros tiempos;
- un obstáculo a la posibilidad de utilizar las respuestas más seguras, exhaustivas, rápidas y baratas proporcionadas por las nuevas tecnologías realmente pertinentes para el ser humano.
En consideración de lo antedicho, nosotros, los abajo firmantes ciudadanos europeos pedimos a la Comisiòn Europea la abolición de la Directiva 2010/63/UE (conocida como “directiva para la protección de los animales utilizados para fines científicos”), con la presentación de una nueva propuesta normativa orientada hacia la definitiva superación de la experimentación sobre animales, y que obligue a la investigación biomédica y toxicológica a utilizar datos específicos para la especie humana en lugar de datos obtenidos sobre animales.
Por qué STOP VIVISECTION
La iniciativa STOP VIVISECTION nació a raíz de las numerosas y firmes protestas de los ciudadanos europeos contra la aprobación de la Directiva 2010/63/UE ("para la protección de los animales utilizados para fines científicos”). Esta directiva no ha puesto en marcha el íter de abolición de la experimentación animal según prevén los tratados europeos, donde se afirma que las políticas de la UE deben tener en cuenta el bienestar de los animales siendo ellos seres sensibles. La experimentación animal representa, además, un peligro para la salud de los seres humanos, pues los ensayos sobre animales no tienen valor predictivo para el hombre y por lo tanto obstaculizan el desarrollo de nuevos métodos de investigación biomédica.
Para más información:
PARA FIRMAR ENTRA A LA WEB www.stopvivisection.eu
(Recuerda que sólo pueden firmar ciudadanos de la Unión Europea)
miércoles, 27 de febrero de 2013
LA TORTURA EXPERIMENTAL
Por Henry S. Salt
(1851-1939)
Grande es el cambio
cuando pasamos de la indiferencia ligera, irreflexiva, del cazador deportivo o
el sombrerero a la actitud más determinada y deliberadamente elegida del
científico. Tan grande en rigor que muchos –incluso entre los más arduos
defensores de los derechos de los animales– consideran imposible seguir esas
diferentes líneas de actuación hasta una y la misma fuente. Y sin embargo puede
demostrarse, creo, que en este caso, y en los que ya hemos examinado, la causa
primordial de la injusticia del hombre para con los animales inferiores es la
creencia de que éstos son meros autómatas, desprovistos de espíritu, carácter e
individualidad. Lo único que ocurre es que, mientras el deportista ignorante
expresa este desdén por medio de la matanza y el sombrerero lo hace mediante la
toca, el fisiólogo, con una mentalidad más seria, lleva adelante su obra en la
“tortura experimental” del laboratorio. La diferencia reside en el temperamento
de unos y otros hombres, y en el estilo propio de cada profesión. Pero, en su
negación de los más elementales derechos de las razas inferiores, se inspiran y
se mueven instigados por un común prejuicio.
El método analítico
empleado por la ciencia moderna tiende en última instancia, en manos de sus
exponentes más ilustrados, al reconocimiento de una estrecha relación entre la
humanidad y los animales. Pero, al mismo tiempo, ha ejercido un efecto
sumamente siniestro en el estudio del jus
animalium entre la masa de los hombres medios. ¡Considérese el trato del
llamado naturalista con los animales cuya observación ha convertido en su
dedicación! En noventa y nueve casos de cien es incapaz de apreciar la calidad
distintiva esencial, la individualidad del objeto de sus investigaciones, y se
convierte en nada más que en un satisfecho acumulador de datos, un industrioso
diseccionador de cadáveres. “Creo que el requisito más importante en la
descripción de un animal –dice Thoreau– es asegurarse de que se transmite su
carácter y su espíritu, porque en ello se tiene, sin lugar a error, la suma y
el efecto de todas sus partes conocidas y desconocidas. No cabe duda de que la
parte más importante de un animal es su ánima,
su espíritu vital, en la que se basa su carácter y todas las particularidades
por las que más nos interesa. Sin embargo, la mayor parte de los libros
científicos que tratan de los animales dejan esto totalmente de lado, y lo que
describen son, por así decirlo, fenómenos de materia muerta.”
Todo el sistema de
nuestra “historia natural”, tal como se practica en el presente, se basa en
este método deplorablemente parcial y equívoco. ¿Se ha posado un ave rara en
nuestras costas? Inmediatamente le da muerte algún emprendedor coleccionista, y
con orgullo lo entrega al taxidermista más cercano, para que pueda
“preservarse”, entre toda una serie de otros cadáveres rellenos, en el “museo”
local. Es un deprimente asunto, en el mejor de los casos, esta ciencia de la
pieza de caza y el escalpelo, pero está de acuerdo con la tendencia
materialista de una determinada escuela de pensamiento, y sólo unos pocos de
quienes la profesan escapan a ella, y se sitúan por encima de ella para llegar
a una comprensión más madura y clarividente. “El niño –dice Michelet– se
entretiene, rompa las cosas y las destruye; encuentra su felicidad en
deshacer. Y la ciencia, en su infancia, hace lo mismo. No es capaz de
estudiar a menos que mate. El único uso que hace de una mente viva es, en
primer lugar, diseccionarla. Nadie lleva a la indagación científica esa tierna
reverencia por la vida que la naturaleza premia develándonos sus misterios.”
En estas
circunstancias, escasamente puede asombrarnos que los modernos científicos,
sedienta la mente de más y más oportunidades para satisfacer su curiosidad
analítica, deseen recurrir a la tortura experimental a la que eufemísticamente
se presenta como “vivisección”. Están cogidos y se ven impulsados por una
irresistible pasión de conocimiento y, como maleable objeto para la
satisfacción de esta pasión, encuentran ante ellos a la indefensa raza de los
animales, en parte salvajes, en parte domesticados, pero por igual considerados
por la generalidad humana incapaces de tener “derechos”. Están acostumbrados,
en su práctica (pese al ostensible rechazo de la teoría cartesiana), a tratar a
estos animales como autómatas: cosas hechas para ser matadas, diseccionadas,
catalogadas, para el avance del conocimiento. Son además, en su condición
profesional, descendientes lineales de una clase de hombres que, por bondadosos
y considerados que fuesen en otros aspectos, nunca tuvieron escrúpulos para
subordinar los más vivos impulsos humanitarios al menor de los supuestos
intereses de la ciencia. (1) Dadas estas condiciones, pareciera inevitable que
el fisiólogo viviseccione, así como el señor rural cace. La tortura
experimental es tan apropiada para el estudio del hombre semiilustrado como la
actividad cinegética lo es para la diversión del imbécil.
Pero el hecho de
que la vivisección no sea, como algunos de sus oponentes parecen considerar, un
fenómeno siniestro e irresponsable, sino la lógica consecuencia de un
determinado hábito mental desequilibrado, no le resta en modo alguno nada de su
odioso carácter. Está de más emplear un solo minuto en defender los derechos de
los animales inferiores si no se incluye entre ellos el derecho a estar,
totalmente y sin excepción, a salvo de las terribles torturas de la
vivisección: del destino de ser lenta y despiadadamente desmembrados, o
desollados, o asados vivos, o infectados con algún virus mortal, o
sometidos a cualquiera de las numerosas formas de tortura infligidas por la
científica inquisición. Respaldemos, sobres este tema crucial, las palabras de Miss
Cobbe: “el mínimo de todos los derechos posibles es sencillamente que se les
ahorre el peor de todos los posibles males, y si un caballo o un perro no
tienen derecho a que se les libre de que se los haga enloquecer o se los
despedace, al modo en que lo han hecho Pasteur y Chaveau, es entonces imposible
que tengan derecho alguno, ni que ningún daño que se les inflija , por gente de
alcurnia o sencilla, pueda merecer castigo”.
Es necesario
manifestarse, de manera enérgica e inequívoca, a este respecto, ya que, como he
dicho, algunos de los “amigos de los animales” muestran una disposición a transigir
con la vivisección, como si la alegada “utilidad” de sus prácticas, o los
“concienzudos” motivos de quienes la practican, la pusieran en un plano
totalmente distinto al de otras clases de inhumanidad. “Muy en contra de mis
propios sentimientos –escribe uno de estos apóstatas (2)– veo una justificación
para la vivisección en el caso de animales dañinos y de animales que son
rivales del hombre en la obtención de alimento. Si se considera que debe darse
muerte a un animal por otras razones, el vivisector puede intervenir llegado el
momento, comprarlo, matarlo a su manera, y adquirir, sin tener nada que
reprocharse, el conocimiento que su sacrificio pueda reportarle. Y mi teoría de
que “la vida es dulce” permitiría asimismo que se crearan animales especialmente
para la vivisección, allí y sólo allí donde no se habrían criado de otro modo.”
Este sorprendente argumento, que da por supuesta la necesidad de la vivisección
traiciona por completo, como podrá observarse, la causa de los derechos de los
animales.
La afirmación que
por lo común hacen los apologistas de la científica inquisición, según la cual
se justifica la vivisección por su utilidad –por considerarla, de hecho,
indispensable para el avance del conocimiento y la civilización (3)– se funda
en una visión a medias de la situación. El científico, como ya he señalado es
un hombre semiculto. Supongamos (lo que sin duda es mucho suponer, ya que está
en contradicción con la mayoría de los testimonios médicos de gran peso) que
los experimentos del vivisector contribuyan al progreso de la ciencia
quirúrgica. ¿Y qué? Antes de sacar la conclusión precipitada de que la
vivisección es justificable por esa razón, un hombre sabio tomará plenamente en
consideración el otro lado de la cuestión: el lado moral, la monstruosa
injusticia de torturar a un animal inocente y el terrible daño que se inflige
al sentido humanitario de la comunidad.
El científico sabio
y el sabio humanista son idénticos. Una ciencia verdadera no puede ignorar el
hecho sólido e incontrovertible de que la practica de la vivisección repugna a
la conciencia humana, incluso entre los miembros ordinarios de una sociedad no
sensible en exceso. La llamada “ciencia” (por desgracia nos vemos obligados, en
el habla común, a utilizar la palabra en este sentido técnico especializado)
que deliberadamente pasa por alto este hecho, y que limita su visión a los
aspectos materiales del problema, no es en absoluto una ciencia, sino una
afirmación unilateral de las opiniones que hallan favor en una particular clase
de hombres.
Nada que sea
aborrecible, repugnante, intolerable a los instintos generales de la humanidad,
es necesario. Es mil veces preferible que la ciencia renuncie a la cuestionable
ventaja de ciertos descubrimientos problemáticos, o que los posponga, a que se
atente incuestionablemente contra la conciencia moral de la comunidad creando
confusión entre el bien y el mal. El atajo no siempre es el recto camino, y
perpetrar una cruel injusticia contra los animales inferiores y tratar luego de
excusarla sobre la base de que beneficiará a la posteridad, es un argumento tan
inadecuado como inmoral. Puede que sea ingenioso (en el sentido de engañar al
que no sabe), pero no es con certeza científico en ningún sentido verdadero.
Si hay un punto
luminoso, un oasis refrescante en la discusión de este tema triste y monótono,
es la humorística reaparición de la trillada falacia de que “es mejor para los
propios animales”. Sí, incluso aquí, en el laboratorio del vivisector, en medio
de las cocciones y los aferramientos, nos encontramos con algo que nos es
familiar: el orgulloso alegato de una leal consideración por el interés de los
animales que sufren. ¡Quién sabe si algún benéfico experimentalista, cono sólo
que le permitieran cortar en pedazos a un número suficiente de víctimas, no
descubriría un potente remedio para todos los males que aquejan a los animales
y a la humanidad! ¡Qué duda cabe de que, las propias víctimas, si pudieran
llegar a darse cuenta del noble objeto que se persigue con su martirio,
rivalizarían entre sí para acercarse lo más rápidamente al escalpelo! Lo único
que nos maravilla es que, siendo tan meritoria la causa, no se haya presentado
todavía ningún voluntario humano para morir a manos del vivisector. (4)
Se admite
plenamente que los experimentos hechos sobre seres humanos resultarían mucho
más valiosos y concluyentes que los realizados sobre animales. Sin embargo, los
científicos suelen rechazar todo deseo de resucitar tales prácticas, y niegan
indignados los rumores, que corren de vez en cuando, de que en los hospitales
se somete a los pacientes más pobres a semejante curiosidad anatómica. Es de
observar, así pues, que, en el caso de los seres humanos, los científicos
admiten como cosa natural el aspecto moral de la vivisección, mientras que en el
caso de los animales no se le concede peso alguno. ¿Cómo puede explicarse esta
extraña incoherencia, salvo dando por supuesto que los hombres tienen derechos
y los animales no tienen ninguno, o –dicho de otra manera– que los animales son
meras cosas, carentes de finalidad, y a las que no es de aplicación la justicia
y la indulgencia de la comunidad?
Uno de los rasgos
más llamativos y ominosos de las apologías que se ofrecen de la vivisección es
la aseveración, tan común entre los autores científicos, de que “no es peor”
que otras instituciones, podemos estar totalmente seguros de que sus argumentos
son en verdad muy poco convincentes: son como alguien que se está ahogando y se
aferra al último residuo de argumentación. Quienes abogan por la tortura experimental
se ven reducidos al recurso de hacer hincapié en las crueldades del carnicero y
del ganadero, e inquieren por qué, si se permite desnucar y castrar a los
animales, no ha de permitirse también la vivisección (5).
La caza es también
una práctica que ha provocado en gran medida la susceptibilidad del vivisector.
En la Fortnightly
Review define un autor la caza deportiva como “el amor por la
destrucción inteligente de las cosas vivas”, y ha calculado que anualmente los
cazadores deportistas ingleses destrozan a tres millones de animales, “además
de aquellos a los que matan directamente” (6).
Ahora bien, si los
ataques contra la vivisección procedieran principal o únicamente de los
apologistas del cazador y el matarife, cabría considerar que este tu quoque del científico es una
respuesta sagaz, aunque bastante ligera. Pero cuando se acusa a toda crueldad
de inhumana e injustificable, una evasiva como ésta no tiene ya ninguna
relevancia ni pertinencia. Admitamos, sin embargo, en contraste con la infantil
brutalidad del cazador, la indudable seriedad y escrupulosidad del vivisector
(pues no pongo en tela de juicio que actúa por motivos concienzudamente
considerados) puede anotarse en su beneficio. Pero hemos de recordar, por otra
parte, que el hombre concienzudo, cuando se equívoca, resulta mucho más
peligroso para la sociedad que el granuja o el idiota. En rigor, el horror
especial de la vivisección consiste precisamente en que no se debe a mera
inconsciencia e ignorancia, sino que representa una usurpación deliberada,
declarada, a conciencia, del principio mismo de los derechos de los animales.
Ya he dicho que es
ocioso especular acerca de cuál es la peor forma de crueldad para con los
animales, pues en este tema, más que en ningún otro, debemos “rechazar la
pertinencia del cuidadoso cálculo del más o el menos”. La vivisección, si algo
hay de verdad en el principio que vengo defendiendo, no es la raíz de la
barbarie y la injusticia, sino lo más florido de ellas, su consumación: el non plus ultra de la iniquidad del trato
del hombre con las razas inferiores. La raíz del mal reside, como he venido
afirmando continuamente, en ese detestable supuesto (tan detestable cuando se
baza en razones pseudoreligiosas como en razones pseudocientíficas) de que hay
un abismo, una barrera infranqueable, que separa al hombre de los animales, y
que los instintos morales de la compasión, la justicia y el amor deben ser
diligentemente reprimidos y frustrados en una dirección, a la vez que se
fomentan y extienden en la otra.
Por esta razón,
nuestra cruzada contra la científica inquisición, para que sea completa y tenga
éxito, ha de fundamentarse sobre la roca de la oposición coherente a la
crueldad en todas sus formas y fases. No tiene sentido denunciar la vivisección
como fuente de toda inhumanidad y, mientras se exige su supresión inmediata,
suponer que otras cuestiones menores pueden posponerse indefinidamente. Es
cierto que la emancipación real de las razas inferiores, como la de la raza
humana, sólo puede producirse paso a paso, y que es natural y político que se
ataque en primer lugar aquello que más repugna a la conciencia pública. No
estoy despreciando la sensatez de concentrar los esfuerzos sobre un punto en
particular, pero quiero advertir a mis lectores contra la tendencia harto común
de olvidar el principio general que subyace en cada una de estas protestas.
El espíritu con el
que abordemos estas cuestiones debería ser liberal y perspicaz. Quienes
trabajan para abolir la vivisección, o cualquier otro mal en particular, deberán
hacerlo con el declarado propósito de tomar una de las plazas fuertes de
enemigo, no porque crean que con ello habrá concluido la guerra, sino porque
podrán hacer uso de la posición así ganada como un ventajoso punto de partida
para un progreso todavía mayor.
Notas:
(1) La vivisección
es un antiguo uso que se practicó durante 2.000 años o más en Egipto, en Italia
y en otros muchos sitios. Galeno menciona que la vivisección humana estuvo de
moda durante siglos antes de su época, y Celso nos informa de que “se
procuraban criminales sacados de las prisiones y, diseccionándolos en vida,
contemplaban, mientras aún respiraban, lo que la naturaleza había ocultado
hasta entonces”. También los brujos de la Edad Media torturaban a seres humanos y animales
con el fin de descubrir sus elixires medicinales. El reconocimiento de los
derechos humanos ha convertido actualmente la vivisección humana en acto
criminal, y la indagación científica de nuestro tiempo sólo cuenta con los
animales para hacer de ellos sus víctimas. En nuestro país, la ley de 1876 ha restringido por
fortuna, aunque no en grado suficiente, los poderes del vivisector.
(2) The
Rights o an Animals, por E.B. Nicholson, 1879.
(3) El argumento
medico de la “utilidad” se ha mantenido siempre in terrorent sobre la poco científica reivindicación de los
derechos de los animales. En el siglo tercero citaba Porfirio las siguientes
palabras de Claudio Napolitano, autor de un tratado contra la abstinencia de
alimento de origen animal: “¡A cuántos se impediría la curación de sus
enfermedades si se abstuvieran de ingerir animales! Pues vemos que los ciegos
recobran la visión comiendo carne de víbora”. ¡Algunos de los resultados que
los científicos “ven” hoy en día quizá resulten igual de extraños a la
posteridad!
(4) Es cierto, no
obstante, que Lord Aberdare, en su calidad de presidente de la última reunión
anual de la Real
Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los
Animales, advirtiendo a la sociedad contra el comienzo de una cruzada contra la
vivisección, expresó, la observación, deliciosamente cómica, de que él mismo
había sufrido tres operaciones y le habían servido para mejorar mucho.
(5) Véase el
artículo de J. Cotter Morrison sobre “Scientific versus Bucolic Vivisection”, Fortnightly Review, 1885.
(6) Profesor
Jevons, Fortnightly Review, 1876.
*Extraído del libro
Los derechos de los animales de Henry
S. Salt, Ediciones Los libros de la Catarata.
jueves, 31 de enero de 2013
Autoridades médicas de Francia atribuyen 4 muertes por anticonceptivo Diane35
Autoridades médicas de Francia atribuyen 4 muertes por anticonceptivo Diane35
En un comunicado, la ANSM indicó que “cuatro muertes son imputables a una trombosis venosa ligada” al consumo de este producto, el Diane 35.
Por ello, el organismo, que no precisó cundo se produjeron las muertes, señaló que ha procedido a análisis más profundos para determinar con más precisión el papel jugado por el medicamento en el fallecimiento de las pacientes.
Este producto, autorizado en 135 países y comercializado en 116, está estudiado para combatir el acné femenino, pero su efecto de inhibición de la ovulación le hacen también apto como anticonceptivo.
El año pasado, unas 315 000 mujeres lo consumieron en Francia, según la ANSM, que señaló que desde 1987 se han registrado varias denuncias ligadas a su uso.
Esta nueva alerta se produce después de que el Gobierno francés indicara que estudia los riesgos para la salud derivados del consumo de píldoras anticonceptivas de tercera y cuarta generación, tras el fallecimiento de una paciente que tomaba estos productos.
Fuente: http://noticiaaldia.com/2013/01/autoridades-medicas-de-francia-atribuyen-4-muertes-por-anticonceptivo-diane35/
martes, 11 de diciembre de 2012
Doctores estadounidenses se pronuncian contra la vivisección
MÉDICOS, CIENTÍFICOS Y OTROS
PROFESIONALES DE LA SALUD RECHAZAN LA EXPERIMENTACIÓN ANIMAL
CARTA ABIERTA
AL PUEBLO AMERICANO
REPRESENTAMOS A MILES DE PROFESIONALES DE
LA SALUD COMPROMETIDOS QUE NOS OPONEMOS A LA EXPERIMENTACIÓN ANIMAL
(VIVISECCIÓN). DESEAMOS QUE USTED SEPA POR QUÉ
Falsas
promesas, Falsas afirmaciones
La
afirmación de la industria de la investigación biomédica de que nuestra salud y
nuestra supervivencia dependen de la vivisección es claramente falsa. Los
experimentos con animales no revelan las verdaderas causas de las enfermedades
humanas. Nuestras enfermedades son el resultado de numerosos factores que no
pueden ser reproducidos en animales: nuestro estilo de vida, las toxinas
medioambientales, la genética, la pobreza, etc. De hecho, la
información procedente de los animales es engañosa y con frecuencia peligrosa
cuando se aplica a los seres humanos.
A lo largo
de la historia, la práctica clínica unida al razonamiento deductivo ha sido el
origen de importantes mejoras sanitarias. El descubrimiento de la penicilina y
el digitalis, el desarrollo de los
rayos X, el microscopio, y la aplicación de la higiene para el control de las
infecciones, no deben nada a la experimentación animal. Para justificar el
despilfarro de fondos públicos que provoca, la industria de la vivisección
asegura que gracias a ella se han conseguido importantes avances, pero la
realidad es la siguiente:
- La cirugía a corazón abierto sufrió un retraso
de 10 años a causa de los experimentos engañosos realizados con perros.
- El trabajo en la prevención de la
poliomielitis fue retrasado por una concepción errónea de la naturaleza de la
enfermedad humana basada en los modelos experimentales engañosos de la enfermedad,
pues se utilizaron primates no humanos. (Dr. Albert Sabin).
- Estudios científicos han demostrado que el
aumento de la esperanza de vida no se ha debido a las medicinas experimentadas
en animales, sino a la mejora de las condiciones higiénicas, a una mejor
nutrición y a otras condiciones de vida.
No existen curas milagrosas
Los humanos
y los animales no humanos sufren por igual a causa de la vivisección:
- Las
enfermedades cardiacas siguen siendo la primera causa de enfermedad. Estudios recientes
con pacientes humanos han demostrado que se pueden prevenir y son reversibles
si se produce un cambio en el estilo de vida y en la dieta.
- La
investigación con animales no ha sido capaz de detener el aumento de los
nacimientos con malformaciones a lo largo de los últimos 40 años. Easter Seals
ya sólo realiza actualmente estudios sin animales por dicho motivo.
- Aunque
tres animales mueren cada segundo en los laboratorios de Estados Unidos, uno de
cada tres estadounidenses puede contraer cáncer a lo largo de su vida.
“Es imposible llegar a ninguna conclusión
satisfactoria sobre el cáncer humano experimentando con animales”. -Robert
Bell, vicepresidente de la Sociedad Internacional de Investigación del Cáncer.
La vivisección derrocha los escasos fondos de la
salud pública
Estados
Unidos gasta miles de millones de dólares al año en el tratamiento de las
enfermedades, más que cualquier otro país. A pesar de ello, nuestro sistema de
salud es caótico.
Estados
Unidos tiene una tasa de mortalidad infantil mayor que la de otros 22 países
desarrollados. Decenas de millones de estadounidenses carecen de acceso al
sistema público de salud. Los centros de salud mental y de rehabilitación para
drogadictos están cerrando a causa de la falta de fondos. Los proyectos de
limpieza del medio ambiente de las toxinas que provocan enfermedades son
aplicados lentamente debido a la falta de financiación.
La vivisección es infinitamente cruel
Detrás de
las puertas cerradas de miles de instituciones, los animales son sometidos a
atrocidades inaceptables. No tienen derechos, ni voz, ni representación, ni
forma de escapar.
Las granjas
de cría, las perreras públicas y los proveedores privados de animales
suministran animales continuamente. Por ejemplo, millones de animales mueren
dolorosamente cada año en inútiles tests diseñados para proporcionar protección
legal a los fabricantes.
“No conozco
ninguna prueba que demuestre que el test Draize, el test LD-50, o cualquier
otro test con animales que se realice para garantizar la ‘seguridad’ de los
productos químicos y cosméticos, tengan relevancia para la especie humana”.
(Donald C. Doll, Doctor en Medicina).
La vivisección es un gran negocio
La
investigación biomédica es una industria enorme y lucrativa que recibe cada año
15.000 millones de dólares de fuentes públicas y privadas, y que mata a entre
65 y 100 millones de animales en el mismo período. Los experimentadores tienen
una posición privilegiada sufragada con una red de asociaciones caritativas y
con el control de las agencias federales que financian la investigación médica.
Esta industria multimillonaria se mantiene a sí misma, se somete a unos
controles que ella misma efectúa y se felicita a sí misma por sus supuestos
logros. Mientras tanto, nuestro sistema público de salud se autodestruye.
Todos
nuestros esfuerzos y recursos deben dedicarse a proyectos productivos como la
medicina preventiva, y a metodologías de investigación directamente
relacionadas con los seres humanos, como por ejemplo la investigación con
humanos realizada con controles éticos, la experimentación con tejidos, y los
estudios epidemiológicos. Es el momento de adoptar estilos de vida y de
investigación que sean sostenibles, no contaminantes y respetuosos con todas
las formas de vida. Solamente de ese modo conseguiremos nuestros objetivos en
el ámbito de la salud.
“Odio la
vivisección. Como mínimo debería limitarse. No obstante, lo mejor sería que
fuera abolida. No conozco ningún descubrimiento científico que no pudiera haber
sido realizado sin tanta barbarie y sin tanta crueldad. Todo lo relacionado con
la vivisección es maligno”. (Dr. Charles Mayo, Fundador de la Clínica Mayo, New York Daily News, 13 de marzo de
1961).
“No se
trata de elegir entre los niños y los perros, se trata de elegir entre buena
ciencia y mala ciencia, entre métodos que son aplicables a los seres humanos y
métodos que no lo son”. Robert Sharpe, Doctor.
Firman:
Kenneth
P. Stoller, Pediatra
J.
Leichtberg, Médico
Kathleen
Waddell, Psicólogo Clínico
Paula Kislak, D.V.M.
Sam Snyder, Doctor.
Jonathan Lemler, Doctor.
Kathy MacLeay, Doctor
Lorin Lindner, Doctor
L.J. Marx, Psiquiatra
Susan
Stewart, R.N.
Elliot
Katz, D.V.M.
Richard S. Benedon, Médico de emergencias
Julie
Fernee, R.N.
Donald E. Doyle, Otorrinolaringólogo
& Cirujano plástico
Joan Priestley, Doctor,
Medicina General
Cheryl Anne Reller, R.N.
A. Yvonne Miles, M.S.N., C.C.R.N.
Josepth Nielands, Doctor en bioquímica
Harry J. Silver, Médico.
Les Stewart, Cirujano Maxilofacial
Charles Kuell, Médico familiar
Richard S. Blinstrub, Dermatólogo
Nedim C. Buyukmihci, V.M.D.
Michael
Klaper, Doctor, Medicina
General
* La presente declaración fue publicada en
Los Angeles Times, el 24 de abril de
1991.
Publicada en español en el tercer número de la Revista Tiempo Animal, México.
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